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PROTESTA SILENCIOSA

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PROTESTA SILENCIOSA (*)

NÚRIA PEDRÓS PONS

Colegiada núm. 233

Barcelona, febrero 2013

  


No pertenezco al movimiento de los indignados. No lo estoy, de indignada ... todavía. ¿Pero que puedo hacer para evitar que la toxicidad de las actuales noticias políticas y económicas afecten mi cotidianidad, manteniendo al mismo tiempo el sentido común?

 

Desde hace unos cuantos meses llevo a cabo una protesta silenciosa: no miro debates televisivos, ni leo los diarios, ni casi escucho las noticias,...  Bien, para ser del todo sincera solo obvio lo que hace referencia al apartado económico y/o político. Estoy cansada.

Los últimos acontecimientos políticos y económicos de nuestro país (seis millones de parados, Bankias, Gürtels, Ratos, Urdangarines, Millets, Bárcenas, Matos, etcéteras) me han hecho parar y reflexionar alrededor de la relación que hay con mi profesión: me dedico a la docencia, la gestión escolar y la formación.

Mi vida no es estridente, pública ni original, es sencillamente “normal”. Soy de las privilegiadas que hoy tengo trabajo, un muy buen trabajo en el ámbito de la enseñanza que algunos gestores públicos se empeñan en desprestigiar. Mi profesión me obliga diáriamente a relacionarme con personas (grandes y pequeñas) a quien intento explicar que con esfuerzo, tenacidad, voluntad, trabajo, buenas actitudes, entre muchos otros aspectos, se consigue lo que se persigue. Intento hacer una pequeña aportación a la microsociedad donde me muevo: animar, motivar, sonreir, positivar, traspasar optimismo, transmitir que el hoy mejorará, que todas las situaciones problemáticas tienen varias soluciones, convencer que el mañana será nuevo y diferente, que se necesitarán personas formadas y preparadas, ....

Pero las noticias políticas y económicas son muy poco esperanzadoras en este sentido. No ayudan nada. Cuando la cifra de parados universitarios pasa del millón se entienden las voces, que ya han traspasado el mundo educativo, y se alzan cuestionando este tipo de formación. ¿Para que se necesita un título si el día de mañana ha de servir de tan poco?

Y en este punto es donde surge esta protesta silenciosa: estoy convencida que los valores que transmito cada día son los necesarios e imprescindibles que necesitamos las personas (grandes y  pequeñas) para seguir hacia delante, para sentar unos básicos imprescindibles que nos ayuden a conseguir los objetivos presentes y futuros. Y solo lo puedo hacer si no estoy intoxicada por las informaciones de los medios de comunicación, ya que de otra manera mi tarea y mis sólidos principios tiemblan.

Entonces me planteo si los políticos:

  • saben que con mi trabajo les estoy ayudando a sacar adelante este país.
  • son conscientes que hago una acción motivacional heroica cada día.
  • conocen a las miles de personas que se ayudan entre ellas de manera altruista y desinteresada, y que sus gestas quedan en el absoluto anonimato, sin que nadie lo mencione ni haga un reconocimiento público y notorio.
  • piensan alguna vez en la importante, fundamental y valiosa tarea diaria de una pedagoga o de otras profesiones similares o más alejadas, que también se mueven en estos parámetros.
  • se cuestionan que sucederá si estos profesionales un día de estos vuelvan a escuchar las noticias politicoeconómicas y se impregnen del talante pesimista, negativo, deprimente y oscuro que nos invade.

Mientras la realidad no mejore un poco, seguiré con la protesta silenciosa que es la que me ayuda ahora más que nunca a mantener el sentido común con unos criterios sólidos, valores morales decentes y filosofías firmes ante un horizonte político y económico altamente contaminante, sucio e indecente.


 

(*) El artículo puede ser reproducido, citando la fuente y el autor/a


Fecha de publicación: 22/3/2013