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Comisión Pedagogía y Escuela

Día Internacional de la Educación - 24 de enero de 2026 

Fundamentos, retos y perspectivas de futuro 

El sistema educativo catalán ha avanzado de manera significativa en el reconocimiento de la diversidad como principio esencial de la acción educativa. Ya en el preámbulo de la Ley de Educación 12/2009, de 10 de julio, se pone de manifiesto la necesidad de adecuar la actividad educativa para garantizar una atención ajustada a la diversidad del alumnado, promoviendo la igualdad de oportunidades y la accesibilidad universal. En su título preliminar, la ley sitúa la cohesión social y la educación inclusiva como pilares fundamentales de una escuela para todos y establece que la atención educativa de todo el alumnado debe regirse, de manera transversal, por el principio de inclusión.

Este marco normativo se concreta posteriormente con el Decreto 150/2017, de 17 de octubre, de atención educativa del alumnado en el marco de un sistema educativo inclusivo, que da continuidad a las políticas basadas en los principios de inclusión, normalización y escuela para todos. El decreto consolida una mirada sistémica sobre la atención a la diversidad y establece las bases para ofrecer una respuesta educativa coherente, flexible y ajustada a las necesidades reales de niños, niñas y jóvenes.

Hablar de inclusión, por tanto, implica reconocer la diversidad y apostar decididamente por la equidad, uno de los grandes desafíos de la escuela contemporánea.

La diversidad como valor integrador y equitativo

En este sentido, hay que tener en cuenta que el alumnado presenta características físicas, sociales, culturales, socioeconómicas y psicológicas muy diversas, que dan lugar a perfiles de aprendizaje singulares. Ante esta realidad, la escuela debe ser capaz de comprender esta pluralidad y asumirla como un elemento estructural del sistema educativo, respondiendo a ella con propuestas pedagógicas igualmente diversas.

Solo así se puede asegurar que cada niño, niña, adolescente y joven progrese hacia el desarrollo pleno de su personalidad, capacidades, competencias y oportunidades de futuro. Avanzar hacia un sistema educativo inclusivo supone concebir la diversidad como un valor integrador y equitativo, y no como una excepción ni como una carga pedagógica.

El pedagogo/a y el psicopedagogo/a, clave en la educación inclusiva

La inclusión educativa no se fundamenta en el etiquetado del alumnado, sino en la comprensión de sus características individuales para atenderlas adecuadamente. Dentro de esta diversidad se incluye el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, que requiere una atención personalizada y flexible. Por ello, es esencial detectar estas necesidades de manera precoz, comprenderlas y darles respuesta, evitando que se conviertan en barreras para el aprendizaje y la participación.

En este proceso, el papel de los pedagogos/as y psicopedagogos/as es clave. El asesoramiento pedagógico y psicopedagógico, especialmente a partir de la evaluación psicopedagógica, permite a los centros y a los equipos docentes aproximarse a las necesidades del alumnado desde el conocimiento y la comprensión. Esta mirada no debe centrarse únicamente en las dificultades, sino sobre todo en el reconocimiento de las potencialidades, facilitando una respuesta educativa coherente con las medidas y apoyos establecidos por el Decreto 150/2017.

La educación inclusiva va mucho más allá de la simple escolarización en centros ordinarios. Su objetivo es garantizar la participación, el aprendizaje activo y el progreso de todo el alumnado, asegurando trayectorias educativas equitativas que favorezcan el desarrollo personal, académico y social.

En este sentido, el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) es una herramienta clave para anticipar la diversidad desde la planificación curricular, promoviendo prácticas flexibles orientadas a reducir barreras y a ofrecer múltiples formas de acceso, expresión e implicación.

La implementación efectiva del DUA solo es posible con una corresponsabilidad real de todo el sistema educativo. Esto implica estructuras organizativas flexibles, trabajo colaborativo entre profesionales y una formación continua del profesorado que permita revisar prácticas, creencias y metodologías.

Coordinación, prevención y evaluación para garantizar la inclusión

Hablar de inclusión también supone analizar las condiciones y las dificultades que afrontan los centros para atender la diversidad, así como revisar la organización y la gestión de los recursos disponibles para valorar su uso eficiente y su eficacia.

Desde esta perspectiva, las comisiones y los equipos de atención educativa inclusiva se convierten en espacios clave de coordinación y toma de decisiones. Los profesionales de la pedagogía y la psicopedagogía pueden contribuir de manera decisiva a la inclusión educativa y social del alumnado, colaborando en la definición de las formas organizativas, metodológicas y didácticas más adecuadas a cada contexto, así como en el seguimiento de los recursos y las medidas recogidas en el proyecto educativo de centro.

Una educación inclusiva de calidad requiere también una mirada preventiva y comunitaria. La detección precoz de dificultades, el acompañamiento socioemocional y la colaboración estrecha con las familias son elementos imprescindibles para garantizar el bienestar y el progreso educativo.

Asimismo, es imprescindible disponer de recursos suficientes y de una evaluación formativa centrada en el progreso del alumnado. La evaluación debe ser una herramienta al servicio del aprendizaje, orientada a la mejora continua y no solo a la certificación de resultados.

La inclusión también obliga a abordar carencias estructurales presentes en muchos centros, especialmente en lo que respecta a la formación inicial y continua del profesorado y a la dotación de profesionales especializados. Es necesario disponer de docentes formados y sensibilizados respecto a las necesidades específicas de apoyo educativo, especialmente en la educación secundaria obligatoria y en las enseñanzas postobligatorias, donde a menudo la diversidad queda invisibilizada.

La normalización ha representado un avance importante, pero resulta insuficiente si no garantiza una participación real y un aprendizaje significativo. La inclusión supone un cambio de mirada: no es el alumno o la alumna quien debe adaptarse al sistema, sino el sistema educativo el que debe transformarse. La personalización del aprendizaje y las adaptaciones deben ser estrategias pedagógicas habituales y no excepcionales. Solo desde una práctica flexible y compartida se puede avanzar hacia una escuela que garantice el aprendizaje, el bienestar y el progreso de todo el alumnado.

La inclusión en las etapas postobligatorias

El Decreto de Inclusión establece que la asignación de los recursos personales y de los programas debe tener en cuenta los informes psicopedagógicos, las valoraciones de la inspección educativa y las aportaciones de los equipos directivos, atendiendo a criterios como el número de alumnos y alumnas con necesidades específicas, los recursos disponibles y el grado de complejidad del centro.

Esta asignación debe velar por el uso eficiente de los recursos, fomentando la autonomía y el desarrollo integral del alumnado.

Por ello, es imprescindible la presencia de profesionales de atención educativa, pedagogos/as, psicopedagogos/as y maestros/as de educación especial, especialmente en educación infantil y primaria, así como el aumento de la dotación en secundaria y en las enseñanzas postobligatorias.

La atención a la diversidad en la etapa postobligatoria abre un debate aún pendiente. El bachillerato, los ciclos formativos, los programas de formación e inserción y la educación universitaria siguen siendo a menudo los grandes olvidados de las políticas inclusivas.

Es necesario reflexionar sobre qué medidas y apoyos se ofrecen realmente en estos contextos y cómo se garantiza la consecución de los objetivos y competencias del alumnado.

Personalización del aprendizaje en la universidad

En el ámbito universitario, la diversidad del estudiantado es cada vez más evidente, lo que exige modelos docentes inclusivos basados en el principio de equidad. Cabe tener en cuenta que organismos internacionales como la UNESCO subrayan que la inclusión y la equidad son fundamentales para garantizar una educación de calidad para todos.

Por ello, en la educación superior, la docencia universitaria debe incorporar —también— el DUA, metodologías activas, sistemas de evaluación coherentes y espacios de participación que reconozcan al estudiante como agente activo de su aprendizaje.

Esta inclusión no puede recaer únicamente en el profesorado, sino que debe ser asumida institucionalmente mediante la formación docente, protocolos claros y servicios de apoyo visibles.

Inclusión desde edades tempranas

La inclusión educativa también debe garantizarse desde los primeros años de vida. La escuela infantil constituye a menudo el primer contacto de las familias con la institución educativa y un espacio privilegiado para la detección precoz de indicadores de alerta en el desarrollo infantil.

En esta etapa, es tan importante la atención directa al niño o la niña como el acompañamiento a las personas adultas de referencia y la complicidad y colaboración de las familias.

Garantizar la inclusión en la etapa 0-3 implica disponer de ratios adecuadas, considerar el tiempo de mediodía como espacio educativo, asegurar el asesoramiento psicopedagógico a los equipos educativos y directivos, adaptar propuestas y espacios, coordinarse con los servicios de salud y ofrecer formación continua a los profesionales.

A modo de conclusión

La inclusión hace referencia a la mejora constante de la atención educativa y a la diversidad en todas las etapas del sistema educativo. Se trata, por tanto, de una inclusión para todos y en cualquier etapa, orientada al desarrollo pleno de las capacidades y competencias del alumnado para afrontar un futuro incierto y cambiante.

Reflexionar sobre el paso de la teoría a la práctica implica analizar conceptos como la normalización, la personalización del aprendizaje y las adaptaciones educativas para comprender cómo se concretan en la vida cotidiana de los centros. A menudo estos principios forman parte del discurso pedagógico, pero su aplicación queda condicionada por estructuras rígidas, creencias arraigadas y limitaciones organizativas.

Avanzar hacia una educación inclusiva efectiva requiere revisar estas prácticas, implicar activamente a las familias como agentes corresponsables y adoptar una actitud reflexiva y crítica que permita normalizar la diversidad, personalizar los itinerarios educativos y garantizar el bienestar de todo el alumnado.

Desde esta perspectiva, la inclusión educativa no es solo un mandato normativo, sino un compromiso pedagógico y ético que sitúa al niño, la niña, el adolescente, el joven… en el centro del proceso educativo. Y en el que los pedagogos/as desempeñan un papel fundamental en todas las etapas educativas, desde infantil hasta la universidad.

Una educación que reconoce la diferencia, cuida de las personas y entiende la diversidad como una oportunidad de aprendizaje compartido, y que valora a sus profesionales, se convierte en un pilar fundamental para la calidad de la enseñanza, la innovación y la transformación pedagógica del siglo XXI.

 
COMISSIÓ DE PEDAGOGIA I ESCOLA
Col·legi Oficial de Pedagogia de Catalunya
Dia Internacional de l’Educació - 24 de Gener de 2026

Article elaborat per la COMISSIÓ DE PEDAGOGIA I ESCOLA (PiE), amb la participació de:
·       Victòria Gómez, presidenta del COPEC.
·       M. Teresa Gámez, vocal i coordinadora de la Comissió PiE.
·       M. Montserrat Oliveras, membre de la Comissió PiE.
·       Laia Pinilla, membre de la Comissió PiE.

Fecha de publicación: 24/1/2026