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ALICIA LINARES "¿TRAICIONAMOS LA PEDAGOGÍA CUANDO TRABAJAMOS CON EMPRESAS?" EN HABLEMOS DE PEDAGOGÍA

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¿TRAICIONAMOS LA PEDAGOGÍA CUANDO TRABAJAMOS CON EMPRESAS? * 

Alicia Linares Roger **
Col·legiada núm. 2136
Barcelona, 31 de gener de 2026 

Hace tiempo que arrastro una incomodidad que, quizá, tú también hayas sentido alguna vez si te dedicas a la pedagogía en las organizaciones: la idea de que llevar la pedagogía a las empresas es “desvirtuar la disciplina” o “usar una ciencia humanista al servicio del negocio”. 

Yo me defino como una persona profundamente humanista, apasionada de mi trabajo, convencida de que allí donde voy intento aportar cuidado, ética y sentido. Y sí: he trabajado y trabajo con empresas y organizaciones de todo tipo. Precisamente por eso, me apetece compartir aquí algunas ideas que llevo tiempo madurando y que este semestre que acaba de terminar también he conversado con mi alumnado de la Facultat d’Educació | Universitat de Barcelona. 

No pretendo convencer a nadie ni cerrar el debate. Más bien, al contrario: me interesa abrir miradas, hacer preguntas y, sobre todo, quitar dramatismo a algo que, para mí, es bastante más sencillo de lo que a veces parece. 

1. La pedagogía es una ciencia social, no una jaula

La pedagogía es una ciencia social. Nace para comprender y transformar realidades humanas complejas: cómo enseñamos, cómo aprendemos, cómo nos relacionamos, cómo cuidamos (o no) de las personas en distintos contextos. 

Si solo la aceptamos en el contexto de la educación formal, la estamos empobreciendo. La estamos tratando como si fuera un contenido curricular, una materia acotada a la escuela, al instituto o a la universidad, cuando en realidad su potencia está en poder atravesar la vida entera. 

Cuando la pedagogía entra en otros espacios —empresas, administraciones, entidades sociales, comunidades— no se “desvía”, se hace más robusta. Se pone a prueba, se llena de matices, contrasta sus herramientas con realidades nuevas y, con ello, crece. ¡Siempre crece! 

2. La empresa también es un entorno de aprendizaje

Si entendemos la pedagogía como la ciencia (y si me permites, el arte) de diseñar entornos seguros, ricos y significativos para el aprendizaje, la empresa es, simplemente, un contexto más donde este aprendizaje sucede todos los días. 

En las organizaciones, las personas:

·        Aprenden un oficio o una profesión.

·        Gestionan conflictos y toman decisiones.

·        Se adaptan a cambios constantes.

·        Construyen su identidad profesional.

·        Descubren sus fortalezas y sus límites. 

Todo esto es material profundamente pedagógico. Acompañar estos procesos no es traicionar la pedagogía; es ejercerla allí donde la vida adulta sucede gran parte del tiempo. Negar esta realidad es, en el fondo, negar que las personas adultas también necesitamos ser acompañadas en nuestros aprendizajes. 

3. El cambio social no se hace solo desde la escuela 

Nos gusta pensar que el gran cambio social hacia “un mundo mejor” se hará desde la educación. Y en parte es verdad: la educación formal tiene un papel clave. Pero no es el único actor en juego. 

El cambio social se construye desde:

·        Comunidades y movimientos ciudadanos.

·        Administraciones y políticas públicas.

·        Entidades del tercer sector.

·        Y sí, también desde empresas y organizaciones.

 Si creemos de verdad que la pedagogía quiere contribuir a un mundo más justo, más humano y más sostenible, dejarla fuera de las empresas es renunciar a intervenir en uno de los espacios donde se toman decisiones que afectan a millones de personas.

No se trata de idealizar la empresa, sino de reconocer que es un agente social más. Y que, por tanto, allí también hace falta mirada pedagógica. 

4. Las empresas como laboratorio (y lo que podemos devolver) 

Otro argumento que a mí me parece importante: Las empresas, nos guste o no, suelen disponer de recursos, tecnologías y capacidad de innovación que otros contextos no siempre tienen. Eso hace que muchas veces vayan por delante en la adopción de metodologías y herramientas nuevas: formas de trabajar en equipo, de liderar, de aprender en el puesto de trabajo, de acompañar el cambio. 

Estar allí como pedagogas no significa comprar todo lo que la empresa propone sin espíritu crítico. Significa poder:

·        Diseñar experiencias de aprendizaje distintas.

·        Experimentar y prototipar nuevas maneras de acompañar a las personas.

·        Evaluar el impacto de estas acciones en el bienestar y el desempeño.

Y lo más interesante: todo esto se puede devolver a otros contextos educativos y sociales, incluyendo la propia educación formal. Es un movimiento de ida y vuelta: la pedagogía alimenta la práctica en las organizaciones, y las organizaciones devuelven aprendizajes que enriquecen la disciplina. 

5. Ni las empresas son “malas” por definición, ni la educación es siempre “buena” 

Aquí toca ser honestas: “Institución educativa” no es sinónimo automático de “socialmente responsable” ni de “éticamente impecable”. El negocio de la educación existe y hay centros educativos que funcionan con criterios muy parecidos a los de cualquier empresa. 

¿Significa eso que la educación formal es “mala”? No. Lo que significa es que no es un espacio puro por definición, y que, por tanto, tampoco tiene sentido demonizar cualquier trabajo pedagógico que se haga en organizaciones privadas. 

En paralelo, hay empresas que están intentando construir modelos más humanos, más sostenibles y más cuidadosos con las personas. Hay de todo, como en todas partes.

Por eso, para mí la pregunta importante no es:  “¿Trabajas en empresa sí o no?”. Si no más bien: “¿Desde qué valores y con qué ética trabajas allí donde estás?” 

6. Continuar la tarea educativa más allá de la educación formal 

Los niños, niñas y jóvenes que hoy pasan por la educación formal mañana trabajarán en empresas, organizaciones, administraciones, cooperativas…. La escuela y la universidad ponen las bases, sí, pero el desarrollo como personas y como profesionales continúa, inevitablemente, en el mundo del trabajo.

Que cuando lleguen a estos espacios encuentren pedagogas y pedagogos —aunque no siempre con ese nombre en la tarjeta— no es sacar la pedagogía de la educación, es continuar la tarea educativa más allá de la educación formal.

Es asegurarnos de que el hilo del aprendizaje, del pensamiento crítico, de los valores y del cuidado de las personas no se acaba al salir del aula, sino que se despliega también en los entornos donde pasan buena parte de su vida adulta. 

7. Cerrarnos a nuevos contextos también empobrece nuestra propia mirada 

Todas las personas, en el entorno educativo, hemos tenido asignaturas que no nos gustaban, prácticas que no nos motivaban, contextos que nos generaban rechazo. Y, aun así, si abrimos un poco la mirada, casi siempre hay algo que rescatar: una idea, una herramienta, una persona, una vivencia que nos sirvió después.

Con los contextos profesionales ocurre lo mismo. Si, de entrada, nos cerramos en banda ante la idea de trabajar en empresas, nos estamos cerrando puertas de aprendizaje. No solo como personas, sino como disciplina.

·        Podemos decidir que no es el lugar donde queremos estar, y está bien.

·        Pero quizá vale la pena haberlo pensado, explorado, conocido algo más… y entonces decidir.

Desde mi perspectiva, cerrar de antemano la posibilidad de aplicar la pedagogía en determinados contextos no protege la disciplina; más bien la hace más pequeña. 

Una invitación a pensar (no a estar de acuerdo) 

Con este texto no busco justificar mi trayectoria ni convencer a nadie de que “la salida natural” de la pedagogía deban ser las empresas. No lo creo.

Lo que sí creo es que, si de verdad defendemos que la pedagogía es una ciencia social humanista, tenemos la responsabilidad de mirar la sociedad completa: lo educativo y lo laboral, lo público, lo privado y lo comunitario. 

Me gustaría que, como colectivo profesional, pudiéramos hacernos preguntas como:

·        ¿Dónde queremos llevar nuestra mirada pedagógica?

·        ¿Qué tipo de impacto queremos tener en las personas y en las organizaciones?

·        ¿Qué perderíamos (y qué podríamos ganar) si nos cerramos a ciertos contextos por principio? 

No se trata de aplaudir o de rechazar sin matices la relación entre pedagogía y empresa. Se trata, quizá, de ponerle palabras, mucha ética y algo de valentía para explorar espacios que, durante años, nos dijeron que “no eran los nuestros”. 



* Alicia Linares Roger, pedagoga organitzacional, membre de la Xarxa d’Expertes del COPEC.
Text publicat originalment al blog «El país de Alicia» (www.alicialinares.com)
 
**Bio: Alicia Linares Roger és pedagoga organitzacional, professora associada a la Facultat d’Educació de la Universitat de Barcelona i cofundadora de Monday Happy Monday. Acompanya organitzacions a dissenyar i prendre decisions complexes on persones, cultura i estratègia estan profundament connectades. En l’àmbit docent, aplica el Design Thinking per repensar com ensenyem i com aprenem, dissenyant experiències d’aprenentatge més significatives i traslladables a l’aula, des d’una mirada humanocèntrica i orientada a l’acció. 

Fecha de publicación: 31/1/2026