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JOSÉ IGNACIO ACOSTA: "NEURODIDÁCTICA DE LA LECTOESCRITURA" EN “HABLEMOS DE PEDAGOGÍA”

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Neurodidáctica de la lectoescritura: el dilema entre la letra ligada y la grafía de imprenta (*)

José Ignacio Acosta (**)
Colegiado 2699
Barcelona, 15 de abril de 2026

La elección del modelo caligráfico a lo largo del proceso educativo no es una cuestión meramente estética ni una simple tradición institucional. Es una decisión pedagógica de gran relevancia, ya que influye en cómo el alumnado organiza el aprendizaje de la lectura y la escritura. En un contexto educativo en el que la digitalización adquiere cada vez más presencia, pedagogos, docentes y profesionales de la educación tenemos la responsabilidad de ir más allá de las opiniones y ofrecer orientaciones basadas en la evidencia, que aporten seguridad a los claustros y tranquilidad a las familias.

La “batería mental” y el coste lectoescritor

Hoy sabemos, gracias a la neurociencia aplicada, que el aprendizaje de la lectoescritura exige una gran cantidad de recursos cognitivos en sus fases iniciales. Stanislas Dehaene (2015) recuerda que el cerebro humano no está preparado de manera innata para leer y escribir, y que debe adaptar progresivamente áreas visuales, lingüísticas y motoras para reconocer y producir símbolos.

En esta etapa, el alumnado aún no ha automatizado ni la lectura ni el gesto gráfico. Por ello, gran parte de su memoria de trabajo se concentra en descodificar o controlar el trazo, y quedan menos recursos disponibles para procesos más complejos, como la comprensión lectora, la ortografía, la sintaxis o la expresión de ideas.

En consecuencia, al comenzar a leer y escribir, conviene priorizar un único estilo tipográfico que facilite la automatización del trazo y el reconocimiento visual de las palabras. A partir de aquí, surge una pregunta pedagógica central: ¿qué modelo gráfico es más adecuado?

Letra ligada o cursiva: continuidad, pero mayor dificultad motora

Desde una perspectiva psicofisiológica, la letra ligada o cursiva puede aportar ventajas importantes, aunque también exige ciertas condiciones para su aprendizaje.

Ventajas:

  • Ayuda a percibir la palabra como un todo. Al unir las letras, el niño no procesa cada grafía por separado, sino la palabra como una unidad. Esto puede favorecer el reconocimiento global y la memoria ortográfica.
  • Puede reducir algunas confusiones entre letras. El sentido del trazo y la manera de enlazar las grafías ayudan a distinguir letras que a menudo se confunden, como la b y la d.
  • Favorece la continuidad del movimiento. Al no tener que levantar el lápiz constantemente, la escritura puede volverse más fluida una vez automatizada.

Desventajas:

  • Exige mayor control motor. Requiere una coordinación óculo-manual más precisa y un dominio fino del trazo.
  • Puede resultar difícil al comienzo. Si se introduce demasiado pronto, algunos alumnos pueden sentirse sobrecargados o frustrados.
  • Necesita una enseñanza progresiva. Su aprendizaje requiere una práctica guiada, sistemática y adaptada al ritmo de desarrollo de cada niño.

Letra de imprenta o script: más simple al comienzo, pero menos unitaria

La letra de imprenta suele emplearse porque se asemeja más a la que el niño encuentra en los textos de lectura. Esto facilita la relación entre leer y escribir y puede hacer más accesible el aprendizaje inicial.

Ventajas:

  • Facilita el reconocimiento de las letras. Al coincidir con las formas que aparecen en los libros y materiales impresos, reduce la distancia entre lectura y escritura.
  • Es más sencilla al principio. Sus trazos suelen ser más simples y fáciles de reproducir en las primeras etapas.
  • Permite un aprendizaje inicial más accesible. Puede resultar útil para alumnos que aún están consolidando el control motor básico.

Desventajas:

  • La palabra puede percibirse de manera fragmentada. Al escribirse letra por letra, al niño le puede costar más reconocer la palabra como una unidad completa.
  • Puede aumentar el esfuerzo gráfico. Tener que detenerse y levantar el lápiz con frecuencia puede hacer que la escritura sea menos fluida.
  • No siempre favorece la automatización global. En algunos casos, centrarse en letras aisladas puede dificultar la integración ortográfica de la palabra.

El riesgo de la bimodalidad simultánea

Uno de los errores más frecuentes en los centros educativos es pensar que exponer al alumnado a ambos modelos al mismo tiempo es enriquecedor. Sin embargo, cuando el niño aún no ha automatizado la escritura, aprender dos formas diferentes para una misma letra puede generar interferencias y aumentar la carga cognitiva. En términos de carga cognitiva (Ruiz, 2020), esto puede convertirse en una práctica poco eficaz, ya que favorece grafías inestables, inseguridad y, en algunos casos, desmotivación.

Conclusión: autonomía pedagógica desde la evidencia

Como pedagogos y profesionales de la educación, es fundamental que acompañemos la toma de decisiones de los equipos docentes a partir del análisis del contexto, la evidencia disponible y las necesidades del alumnado. En este proceso, conviene situar siempre en el centro los pilares del aprendizaje lectoescritor: la conciencia fonológica, el reconocimiento de las grafías, el control del trazo y la automatización progresiva de la lectura y la escritura.

Desde esta perspectiva, la tipografía de la letra se entiende como un recurso pedagógico al servicio del aprendizaje. Por tanto, es útil que los claustros valoren la madurez del alumnado antes de escoger un estilo caligráfico, para que su decisión se oriente hacia un aprendizaje estable, comprensible y progresivo.

Al fin y al cabo, es responsabilidad de todos los agentes educativos que el alumnado avance con seguridad, mientras integra la lectura y la escritura de manera funcional y dedica cada vez más recursos a la comprensión, la expresión y el uso significativo del lenguaje.

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(*) Bibliografia Referencial

  • Cuetos Vega, F. (2009). Psicología de la escritura. Madrid: Wolters Kluwer.
  • Dehaene, S. (2015). Aprender a leer: De las ciencias cognitivas al aula. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
  • Ripoll Salceda, J. C., & Gómez-Merino, N. (2022). Aprender a enseñar a leer y a escribir. Madrid: EOS.
  • Ruiz, H. (2020). ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza. Barcelona: Editorial Graó.

(**) José Ignacio Acosta, pedagogo, colegiado número 2699,  comisión Jóvenes Pedagog@s del COPEC

Fecha de publicación: 15/4/2026